¨Tú eres la imagen de nuestra Hermandad", bajo este lema nuestra Corporación pone en marcha una novedosa campaña que pretende profundizar en la formación  de todos los hermanos que realizan su estación de penitencia.

Nuestra Corporación ha crecido de manera espectacular en los últimos veinticinco años, multiplicando casi por tres el número de participantes en la misma. A este dato hay que añadir el hecho de que en la pasada Estación de Penitencia mas del 70% de los hermanos que participaron no llegaban a veinte años de antigüedad en nuestra Hermandad y un 25% no superaba los cinco años de pertenencia a la misma. Ante estos datos, y pese al ejemplar comportamiento de la inmensa mayoría de nuestros hermanos, una de las conclusiones de la Comisión de Estación de Penitencia, fue la necesidad de incidir en la formación de todos los participantes en nuestro cortejo procesional.

La campaña, se compone de cartelería y un vídeo explicativo realizado por Estudios Buenavista y Grupo Blogosur Comunicación, que de manera novedosa, amena y didáctica expone los tres conceptos principales que debemos cuidar: seguridad de todos los componentes de la cofradía, la forma correcta de vestir el hábito nazareno y aquellas conductas que debemos evitar especialmente mientras realizamos nuestra Estación de Penitencia, todo ellos bajo la idea de que cuando la Hermandad sale a la calle a realizar su Estación de Penitencia, cada uno de los hermanos que formamos parte del cortejo somos la imagen de la misma. 

Hoya, 28 de marzo, a las 21 horas, tendrá lugar el tradicional concierto que cada cuaresma realiza nuestra Agrupación Musical Juvenil María Santísima de las Angustias Coronada. 

Durante el desarrollo del concierto serán estrenadas dos marchas procesionales propias de la formación; “Guiando tus Penas”, dedicada a la Hermandad de La Estrella y “Que el Señor esté contigo”, dedicada nuevamente al Señor de la Salud, siendo sus autores José María Conejo y Álvaro Muñoz respectivamente.

PROGRAMA

Ave María (Vladimir Vavilov)
Himno a San José Obrero (Rvdo. Manuel González Martín y Fco. Javier Segura)
Guiando tus Penas (José María Conejo) ESTRENO
Presentado a Sevilla (Antonio José López Escalante)
Que el Señor esté contigo (Álvaro Pérez Muñoz) ESTRENO
Nazareno y Gitano (Pascual González)
En manos de Dios (Javier Cebrero Arias)
La Saeta (Joan Manuel Serrat)

               

Para la Hermandad Sacramental del Los Gitanos es una enorme alegría anunciar a todos los hermanos y devotos que desde el día 25 de marzo, coincidiendo con nuestro Solemne Quinario a Nuestro Padre Jesús de la Salud, el mundo cristiano cuenta con un gitano más en los altares.

Se trata de Emilia Fernández Rodriguez, Emilia la Canastera, que de esta manera se une al Beato Ceferino Giménez Malla para seguir dando ejemplo a todo un pueblo de la grandeza de vivir cerca de Dios.

Para un mayor conocimiento de la figura de la ya Beata Emilia Fernández hemos querido hacernos eco de su biografía publicada en la revista Alfa y Omega

 

"Nace Emilia un 13 de abril de 1914 en Tíjola, pueblo situado en la española provincia de Almería y, en concreto, en la calle Bodeguicas, número 4. Eran sus padres Juan José Fernández y Pilar Rodríguez Rodríguez. Emilia fue bautizada el mismo día de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de Santa María y se le impusieron los nombres de Emilia, Gregoria y Margarita. La vida de nuestra Sierva es la propia de una familia gitana de la zona: vive en una casa-cueva, en la parte alta de la ciudad (y separa de la parte central del barrio) y colabora con la familia fabricando cestos de mimbre (de ahí el sobrenombre de “La canastera”). Los llevaban a los pueblos cercanos o a mercados más alejados (en este caso sobre algún animal de carga recorriendo la orilla del río Almanzora). Podemos decir que la Sierva de Dios, desde el momento de su nacimiento hasta la llegada de los años 30 del siglo XX, creció entre lo que eran alegrías propias de su edad y los sufrimientos que las especiales circunstancias de su existencia la llevaban a padecer. Sin embargo, por muy malas que fueras estas últimas tendrían que pasar por unas que, por definitivas para su vida espiritual, serán peores (en cuanto a lo que supusieron para su vida material) y mejores (en cuanto a lo que supusieron para su fe). Cuando la Guerra Civil dio comienzo (julio de 1936) la vida de aquellos gitanos, incluida Emilia y sus hermanos, no debió sufrir más alteración que la propia de las circunstancias. Es decir, que no huyeron ni nada por el estilo sino que continuaron viviendo donde lo habían estado haciendo. Tal es así que 1938 nuestra Sierva de Dios contrae matrimonio, al estilo gitano, con Juan Cortés que había nacido el 29 de mayo de 1915 y tenía, por tanto, poco más de un año menos que Emilia. Por lo que parece eran parientes cercanos porque cuando Juan fue a contraer matrimonio (en 1966) con la hermana de Emilia tuvo que solicitar dispensa canónica porque tenían una relación familiar muy cercana. No sería de tal jaez que les impidiese casarse porque, en efecto, contrajeron matrimonio. Sin embargo, esto segundo (el matrimonio, éste) apunta a tal realidad. Pues bien, como es bien sabido, los gitanos no se habían preocupado mucho de los asuntos políticos. Por eso cuando se produjo el inicio de la Guerra Civil (y el desarrollo de la misma) bien podemos decir que no alcanzaban a comprender qué había iniciado la misma ni las razones de que siguiera. Sin embargo, el poder establecido no tenía la misma idea acerca de lo que pasaba. Queremos decir que, si bien Juan Cortés no tenía intención alguna de entrar a formar parte de ningún bando de los que luchaban en aquella guerra, no pensaban lo mismo los que lo llamaron a filas. Era, por cierto, el bando republicano quien eso hacía. Y es que no concurría ninguna circunstancia que lo pudiera liberar de ser llamado. Por otra parte, Emilia pensaba lo mismo que su marido y de ninguna manera quería que se incorporase a filas. ¿Cómo salir de aquella situación? En principio les salió bien utilizar una argucia consistente en inutilizarse los ojos (temporalmente) de manera que, a modo de ciego, cuando se presentaron en su casa para reclutarlo creyeron que no era apto. Y entonces no se incorporó al ejército republicano. Pero al cabo de un tiempo aquellos milicianos volvieron a las casas-cueva. Querían comprobar si se había producido algún cambio… y, en efecto, se había producido: se dieron cuenta de que Juan Cortés veía perfectamente y, ni cortos ni perezosos, lo detuvieron junto con su esposa Emilia. A él lo enviaron a la “Prisión del Ingenio” y a ella a la llamada “Gachas colorás” donde ingresó el 21 de junio de 1938. Y fue incluida en un grupo de cuarenta mujeres y jóvenes allí encarceladas por el terrible delito de ser católicas practicantes. Ya tenemos, pues, a Emilia, en la cárcel. El 9 de julio de 1938 se celebró el juicio en el que se la condenó a seis años de cárcel. Ya podemos imaginar la situación por la que estaba pasando Emilia que, como sabemos, estaba embarazada. Que se aislara voluntariamente y quisiera pasar desapercibida era lo que se podía esperar. Sin embargo, las mujeres que estaban con ella la ayudaron todo lo que pudieron. Verla en aquel estado debió romperles el corazón. Y, entre ellas, Loli (que sería su catequista) destacaba en atención hacia su persona. La vida de Emilia en la prisión se la hizo más llevadera la oración, que aprendió estando allí gracias, sobre todo (como hemos dicho antes) a Loli. Empezó a rezar el Santo Rosario y quiso aprender de memoria el “Padre Nuestro”, el “Ave María” y el “Gloria” porque quería participar en aquella oración que tanto le llenaba el corazón. También descubrió que era importante y necesario hablar con Dios cada día y que era una forma de entregarle algo de nuestro tiempo. Es bien cierto que la Sierva de Dios Emilia Fernández Rodríguez tenía una fe sencilla y que lo esencial lo conocía pero aquellos meses que pasó en vida en la cárcel le ayudaron a conocerla mejor y a llevarla a la práctica más cercana. Es más, como suele pasar con los santos, aquellos malos momentos, aquellos sufrimientos que padecía, le ayudaron a acercarse a Dios de una forma, sí, sencilla pero, también, profunda. Emilia, que era fiel a Dios Todopoderoso, también lo era para con aquellas personas que tanto la estaban ayudando. Por eso se negó a revelar quién había sido la mujer que la había catequizado (que sabemos fue Loli) porque, de haberlo hecho, la vida de la misma habría corrido un peligro cierto y exacto. Ella no quiso traicionar a quien tanto le había enseñado y eso, por decirlo pronto, le supuso un agravamiento en sus circunstancias carcelarias. Como consecuencia de ello se las encerró (a Loli y a Emilia) a una celda de aislamiento donde, para que se comprenda, no sólo no le mejoraron la alimentación (como le habían prometido en caso de revelar quién había sido su catequista) sino que se la empeoraron. Teniendo en cuenta que estaba embarazada… lo que tenía que suceder acabó sucediendo. El invierno estaba haciendo estragos en Emilia. Y por mucha clemencia que solicitó al Gobernador Civil no le fue concedida ninguna. Y así llegó el 12 de enero de 1939. Era el momento del parto y, ayudada por algunas compañeras de cautiverio, pudo dar a la luz, el día 13 a las 2 de la madrugada, a una niña a la que bautizaron (el mismo día a las 5 de la tarde) y pusieron el nombre de Ángeles. Emilia, como podemos comprender, se encontraba muy mal. Físicamente estaba en las últimas y el mismo día 13 se las llevaron al hospital (a la niña y a ella) del que volvieron a la cárcel cuatro días después. Sin embargo, las condiciones de vida de la Sierva de Dios eran más que malas. Por eso el 24 de enero se le vuelve a comunicar al Gobernador Civil que sería necesario que ejerciera la “gracia” y la liberara de prisión. Como respuesta: ninguna. Y fue el 25 de enero de aquel año de 1939 (apenas unos meses antes de que terminara la Guerra Civil) cuando la volvieron a llevar al hospital. De nada sirvió aquel viaje, que sería el último que haría en este mundo la gitana Emilia, porque moriría de una “infección puerperal añadido a un cuadro de bronconeumonía”, según consta en el certificado médico. Y, para más vergüenza de la raza humana, sus restos mortales se depositaron en una fosa común en el cementerio de Almería."

 

El próximo Viernes 24 de marzo y a las 21.45 horas, una vez finalizado el Solemne Quinario en Honor de Nuestro Padre Jesús de la Salud, tendrá lugar en el Santuario el tradicional Concierto de Cuaresma de nuestra Agrupación Musical.

En su transcurso se estrenará una nueva pieza musical titulada «De bronce y oro» compuesta por Javier Cebrero Arias con arreglos de Pedro M. Pacheco Palomo.

La formación musical intepretará las siguientes composiciones musicales:

«Con aromas de Madrugá» (presentación)

«Nuestro Padre Jesús de la Victoria» de José Manuel Mena Hervás.

«A ti José, Y se fue al cielo» de Óscar Javier Ruíz Delgado.

«Señor de una devoción» de Francisco Ortíz Morón.

«Mi Ángel de la Madrugá» de Javier Cebrero Arias.

«De bronce y oro» de Javier Cebrero Arias.

«Jesús de la Salud» de José Domingo del Castillo Matías.

«Cuando me alejé de Ti» de Óscar Ruíz y Miguel A. Lanzarote.

«Coronación de la Macarena» de Pedro Braña.

«Costaleros Gitanos» de Pedro M. Pacheco Palomo.

«Qué grande ser de Ti» de Francisco José Carrasco Benítez.

Rogamos encarecidamente a las personas que sólo quieren asistir al concierto tengan la máxima consideración con las personas que asisten al Quinario y no ocupen el Templo hasta que los Cultos hayan finalizado.

 

                

Celebramos el Solemne Quinario en honor de Nuestro Padre Jesús de la Salud que preside su altar efímero estrenando su nueva túnica de terciopelo morado bordada en oro por el Taller de Sucesores de Caro y diseño de Rafael Rueda recreando la de Ojeda desaparecida en 1936 , siendo donación de un grupo de devotos al igual que el cíngulo realizado por cordoneria Alba reproduciendo el primitivo de la Rosa de pasión. Estrena también camisa de hilo donada por Javier Sobrino y broche antiguo para el cuello en oro y diamantes donación de un hermano. A su Derecha la Santísima Virgen de las Angustias ataviada con la Saya de Ojeda de 1893 y manto morado bordado en oro por Fernández y Enríquez en 1995, el fajín rosa realizado en 2002 por Pilar Barranquero con telas procedentes de casullas del siglo XVIII donación anónima, en el nudo porta la rosa de pasión del cíngulo del primitivo Señor de la Salud. El tocado es un magnífico encaje de Punto español de oro y plata del siglo XIX donado por el Equipo de Priostía. Este grupo donó también en 2015 los puños de encaje antiguo de plata realizados por María del Carmen Barrero Barrera, el Pañuelo a juego en encaje de plata del siglo XIX fue donado por la hermana María del Rocío Muñoz Chacón y realizado por José Manuel García en 2015. Porta en sus manos corona dolorosa de oro y perlas. A la izquierda aparece San Juan Evangelista y en la calle central el Crucificado de la Hermandad obra de Darío Fernández acompañado de los ángeles confortadores del paso del Señor obra de Buiza. Flores de diferentes variedades entonadas en morado, bosque de velas blancas y rematado todo por una corona y pabellón de terciopelo que realza simbólicamente (al igual que la túnica estrenada) el carácter Real de la Imagen que lo preside. Sirvan esta lineas como agradecimiento a todos aquellos hermanos y devotos que con sus generosas donaciones y sus préstamos, hacen posible el esplendor de los cultos en honor del Señor de la Salud.

                   

Página 7 de 28